viernes, 8 de agosto de 2014

Psicología.

Estando fuera del hospital me llegan recuerdos.
Asquerosos recuerdos.
De mi a los 17 años.
Sin autoestima.
Sin amor.
Sin vida social.
Sin haber dado mi primer beso.
Este fragmento de la historia se desviará a mi asqueroso pasado.
Estaba en casa.
Sin nada que hacer.
Fumando.
Una taza de café.
El ordenador encendido.
Tratando de socializar por Internet.
Nunca poner un pie fuera de casa.
Querer estar siempre solo.
No tener pareja.
Ser virgen.
Hasta la fecha lo sigo siendo, y no he tenido pareja ni nada de esas cosas.
La Friendzone es dura conmigo.
Una enorme lista.
Largas horas de odio a si mismo.
Muchos días de deseos suicidas.
Toneladas de repeticiones de Flatline.
Meses lluviosos.
Necesito un psicólogo.
Necesito desahogarme.
Quiero llorar de rabia.
Rabia de no tener vida social.
Rabia de no tener pareja.
Rabia de ser yo.
Rabia de estar vivo.
Solo no quiero que mi familia se entere.
Se van a llevar una decepción aún más grande.
Primero, ser un fumador compulsivo.
Segundo, no tener autoestima.
Tercero, necesitar ayuda.
No quiero ir.
No quiero llorar.
Debo de seguir enfrascando los corajes.
Los llantos.
Las decepciones.
Todo.
No importa.
Nada importa.
Yo no importo.
No entiendo como hay gente que me habla.
Debo de reconstruir mi autoestima.
Odio a muchas mujeres, al menos al 98%
Odio a los hombres, al 100%
Me odio.
Debo morir.
Debo irme al carajo.
Por eso estoy metido en este embrollo.
Gracias quijada, sanaste un poco, pero no sirves para fumar por ahora.
Debo recurrir a inyectarme tabaco.
Pronto.
Mi mente lo necesita.
El dolor.
El olor.
El sabor.
El cáncer.
La muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario